Publicado el 16/07/2025 por Administrador
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Israel ha intensificado sus ataques aéreos sobre territorio sirio, particularmente en Damasco y la provincia sureña de Sweida, una región con mayoría drusa. Los bombardeos han sido justificados por el gobierno israelí como una respuesta directa a las acciones del régimen sirio contra esta comunidad, históricamente cercana a Israel y actualmente bajo presión militar.
La ofensiva israelí ocurre en un momento de alta tensión interna en Siria. En Sweida, los enfrentamientos entre milicias drusas locales, tribus beduinas y el Ejército sirio se han recrudecido en las últimas semanas. Lo que comenzó como una serie de incidentes puntuales derivó en una escalada violenta con más de 200 muertos y un creciente colapso de la autoridad estatal en la zona.
La comunidad drusa en Siria, aunque pequeña en número, tiene un peso político y cultural considerable. A lo largo del conflicto sirio ha mantenido una postura ambigua, pero últimamente se ha distanciado del gobierno central debido al aumento de la represión y la marginación económica. En este contexto, la ofensiva del Ejército sirio en Sweida fue percibida como un intento de reimposición autoritaria.
Israel, que también cuenta con una importante comunidad drusa dentro de sus fronteras, ha expresado preocupación por el destino de sus "hermanos" en Siria. Según portavoces del gobierno, las operaciones militares buscan proteger a civiles drusos frente a abusos y desplazamientos forzados. Las Fuerzas de Defensa de Israel han declarado que seguirán actuando contra cualquier amenaza que afecte a esta comunidad.
Los ataques israelíes han alcanzado objetivos militares en el corazón de Damasco, incluida una zona cercana al Ministerio de Defensa, así como depósitos y puntos logísticos del Ejército sirio en el sur del país. Estas acciones han sido interpretadas por analistas como una advertencia contundente al régimen de Bashar al-Sharaa para que cese sus operaciones en Sweida.
Desde Damasco, el gobierno ha condenado las incursiones como una violación de su soberanía y ha calificado las acciones israelíes de injerencia directa en asuntos internos. Sin embargo, también se ha visto forzado a iniciar la retirada de algunas tropas de Sweida, en lo que parece una concesión táctica para evitar una escalada mayor.
Estados Unidos ha expresado su preocupación por la situación, pero ha evitado pronunciarse directamente sobre los bombardeos israelíes. En cambio, ha instado a ambas partes a mantener la calma y respetar los acuerdos de alto el fuego que buscan desescalar el conflicto en esa región del sur de Siria.
Mientras tanto, la situación humanitaria en Sweida se deteriora. Decenas de miles de personas han sido desplazadas y los servicios básicos se encuentran al borde del colapso. Organizaciones humanitarias alertan de una crisis inminente si no se restablece la seguridad en la zona.
La intervención israelí ha añadido una nueva dimensión al ya complejo escenario sirio, cruzando las líneas entre conflicto sectario, geopolítica regional y vínculos históricos. El destino de la minoría drusa, ahora en el centro del tablero, podría definir la próxima etapa de una guerra que parecía estancada, pero que vuelve a reactivarse con nuevos actores y antiguos temores.